Bienestar emocional

Desde su inicio, la OMS ha incluido el bienestar emocional en la definición del concepto de salud, refiriéndose a ella como un estado completo de bienestar físico, mental y social.
El bienestar emocional es un estado que permite a las personas desarrollar sus habilidades, hacer frente a las situaciones cotidianas, trabajar de forma productiva y fructífera, y ser capaz de contribuir a la comunidad.
En la etapa de la infancia y adolescencia, este concepto hace hincapié en el sentido positivo de la identidad, la capacidad para manejar los pensamientos y emociones y crear relaciones sociales, o la disposición para adquirir competencias que capaciten para participar activamente en la sociedad.
Los vínculos entre salud física y emocional son bidireccionales y en ambos casos están influidas por los mismos determinantes: factores individuales (la capacidad para gestionar nuestros pensamientos, emociones, comportamientos e interacciones con los demás), factores sociales, culturales, económicos, políticos y ambientales.
Promover la salud emocional implica crear las condiciones sociales, ambientales e individuales que permitan el desarrollo personal óptimo. Esto es posible mediante iniciativas de carácter estructural y de ámbito comunitario, pero también con intervenciones relacionadas con la crianza y los cuidados tempranos, las ayudas psicológicas y sociales individuales y familiares, y mediante métodos educativos orientados al aprendizaje del afrontamiento de situaciones vitales y al desarrollo de capacidades que nos permitan valorar nuestras emociones y las de los demás, y adquirir competencias para su regulación.

Si queremos crear un mundo socialmente más cohesionado, la educación emocional ha de ser un objetivo en sí mismo: la escuela puede proporcionar experiencias que nos ayuden a comprendernos a nosotros mismos y nuestras relaciones con los demás. Las habilidades esenciales que nos permitirán mejorar nuestra vida y la de los demás son la creatividad y la comprensión social (…) Todo individuo cuenta, y estaremos haciendo un flaco favor a los niños si no orientamos nuestras prácticas educativas a la individualidad de cada uno de ellos. (Christofer Clouder. Las puertas de la percepción).

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